En solo 290 m² y sin muros altos: el proyecto en Tokio que convirtió un lote mínimo en 10 casas y desafía la vivienda urbana


En Tokio, donde los lotes son pequeños y la densidad es extrema, la norma suele ser construir hacia arriba y cerrar el perímetro. La Moriyama House hizo lo contrario y por eso se convirtió en un caso citado en urbanismo y arquitectura.

El proyecto ocupa un terreno de 290 m² y evita el “bloque único” típico. En su lugar, reparte la vivienda en piezas autónomas y usa el espacio libre como patios y recorridos, una idea simple que cambia por completo la experiencia de habitar.

La Moriyama House está compuesta por 10 volúmenes blancos separados, de uno a tres pisos. En vez de concentrar todo en una sola construcción, las piezas se distribuyen dentro del terreno como si fueran un pequeño barrio.

La clave es que solo se construye en parte del lote. El resto se reserva para jardines, patios y pasos abiertos que conectan los bloques, generando aire y distancia entre interiores, algo inusual en zonas tan apretadas.

Esa decisión también reorganiza la privacidad. En lugar de un límite duro hacia la calle y un interior cerrado, el proyecto suma transiciones, con espacios intermedios que funcionan como “pulmones” entre lo público y lo privado.

El funcionamiento no es el de una casa convencional. Hay un volumen principal para el propietario y otros bloques que pueden usarse como unidades separadas, con distintos niveles de independencia.

Algunas piezas incluyen cocina y baño, y otras se apoyan en servicios compartidos. Esto permite ajustar el uso con el tiempo, según necesidad familiar, trabajo, visitas o demanda de alquiler.

En términos prácticos, el lote ofrece flexibilidad económica. Se puede vivir y, al mismo tiempo, alquilar parte del conjunto sin perder el control del espacio, una lógica que se acerca a un microcondominio horizontal, pero sin rejas ni pasillos interminables.

El aspecto minimalista oculta decisiones técnicas que refuerzan la sensación de liviandad. La estructura metálica liviana y los cerramientos delgados ayudan a que los “cubos” blancos mantengan una imagen ligera pese a la densidad del entorno.

Las aberturas grandes también son parte del efecto. Entra más luz natural y se hace visible el exterior desde adentro, lo que reduce la sensación de encierro habitual en viviendas compactas.

La combinación de estructura delgada, ventanas amplias y piezas separadas genera una experiencia espacial distinta. No se trata solo de “meter más en menos”, sino de evitar que la densidad se sienta como claustrofobia.

La Moriyama House circula como caso de estudio porque pone en discusión tres temas centrales. Densidad sin verticalización extrema, privacidad sin aislamiento total y uso flexible del suelo en lotes pequeños.

También introduce una idea que conversa con mercados inmobiliarios tensionados. En un mismo terreno, una persona puede combinar vivienda y renta, y adaptar la ocupación según el momento, algo relevante cuando el costo de acceso a la vivienda sube.

No es una receta universal, pero sí un ejemplo potente. Con un lote chico y una decisión de diseño, el proyecto muestra que hay alternativas entre dos extremos: la casa cerrada tradicional y la torre como única salida para sumar unidades en ciudades saturadas.

Fuente: www.clarin.com

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